Hay canciones que te gustan, canciones que te acompañan durante unos días y canciones que, sin pedir permiso ni presentar demasiadas credenciales, consiguen que levantes la cabeza y prestes atención. «Blood Stirred Up In Me», de Eric Harm, pertenece a esta última categoría.
Y no, no tenía a Eric Harm en mi radar. Ni siquiera especialmente cerca. Pero hay descubrimientos musicales que funcionan precisamente así: aparecen sin avisar, te ponen delante algo que no esperabas y te hacen pensar que todavía queda mucha música por descubrir. Menos mal.
Lo primero que llama la atención es su voz. Y cuando digo lo primero, quiero decir que cuesta prestar atención a cualquier otra cosa. Tiene ese punto de personalidad, de intensidad y de carácter que no se puede fabricar en un estudio ni comprar en ninguna tienda de instrumentos. No es una voz que pase de puntillas, de esas que parecen pedir disculpas por ocupar espacio. Aquí hay alguien que viene a cantar y que tiene unas cuantas cosas que decir.
Después está la energía. Porque «Blood Stirred Up In Me» tiene ese nervio que tanto agradecemos quienes seguimos buscando canciones capaces de sacudirnos un poco la rutina. Hay algo tremendamente estimulante en encontrarse con música que no parece preocupada por quedar bien, por encajar en una determinada etiqueta o por conseguir la aprobación del algoritmo de turno. Música que tiene sangre, electricidad y ganas de salir a jugar.
Y entonces empiezas a preguntarte quién demonios es este tipo.
Eric Harm no llega exactamente de la nada. Su nombre está vinculado a Titus Andronicus, banda en la que ha desarrollado buena parte de su trayectoria como batería, percusionista y corista. Ahora da un paso al frente con su primer trabajo en solitario, All The Wrong Moves, producido por Patrick Stickles, que verá la luz el próximo 6 de noviembre. «Blood Stirred Up In Me» es el segundo adelanto del álbum.
Y aquí aparece algo que me resulta especialmente atractivo: descubrir a alguien que, después de haber formado parte de una maquinaria colectiva, decide ponerse en primer plano y enseñar otra cara de su personalidad musical. No es que haya estado escondido en una cueva tocando la batería a oscuras, pero sí parece que ha llegado el momento de reclamar el espacio que le corresponde.
Lo interesante es que no necesito conocer toda su biografía, repasar sus colaboraciones ni consultar su árbol genealógico musical para saber que esta canción me ha atrapado. A veces nos empeñamos demasiado en contextualizarlo todo, como si disfrutar de una canción sin haber leído antes su expediente académico fuera una irresponsabilidad.
Pues no.
A mí me basta con esa voz y con esa energía. Con esa primera impresión que te hace volver a darle al play. Y luego otra vez. Y otra.
De momento, me quedo con la agradable sensación de haber encontrado algo que merece atención. Y eso, en estos tiempos de lanzamientos constantes y música que desaparece de nuestra memoria antes incluso de terminar de escucharla, no es poca cosa.
Eric Harm. Apuntad el nombre. Yo, desde luego, pienso seguir escuchando.
Eric Harm - Blood Stirred Up In Me
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