viernes, 4 de septiembre de 2026

¿Qué ha pasado con Kasabian? critica al nuevo disco por Fibla.

Hay preguntas que uno se hace escuchando un disco nuevo. ¿Me gusta? ¿No me gusta? ¿Necesita otra escucha? ¿Estoy yo teniendo un mal día? Y luego está la pregunta que me ha acompañado durante buena parte de la escucha del nuevo disco de Kasabian: ¿pero qué ha pasado aquí?

No lo digo necesariamente como un insulto. Bueno, no siempre. Tampoco vamos a montar un tribunal internacional por un disco de rock. Pero sí hay algo extraño en los Kasabian actuales. Algo que resulta difícil de explicar porque la banda sigue funcionando, sigue teniendo público y, cuando se sube a un escenario, parece que todo está más o menos en su sitio. Y, sin embargo, escuchas sus últimos trabajos y da la sensación de que alguien ha cambiado el mapa mientras ellos estaban mirando hacia otro lado.

Lo curioso es que Kasabian fue durante mucho tiempo una banda con una identidad clarísima. No hacía falta un máster en musicología para reconocerlos. Había guitarras, electrónica, psicodelia, arrogancia británica, ritmos para levantar un festival y esa sensación de que, probablemente, estaban bastante orgullosos de sí mismos. Como debe ser. Podían gustarte más o menos, pero sabías perfectamente dónde estabas. Ahora ya no tanto.

La salida de Tom Meighan en 2020 cambió inevitablemente el grupo. No voy a entrar aquí en si Kasabian con Tom era mejor o peor, porque probablemente dependerá de a quién le preguntes y de cuánto haya bebido esa persona. Pero sí parece evidente que su ausencia modificó el equilibrio interno de la banda.
 
Serge Pizzorno siempre fue una pieza fundamental: compositor, productor, cerebro creativo y responsable de buena parte del universo Kasabian. Pero ahora, además, es la voz principal y el rostro visible del grupo. Y quizás ahí esté una parte del problema.

Porque tengo la sospecha de que Serge Pizzorno tiene muchas ideas. Muchísimas. Demasiadas, incluso. Y tener ideas es fantástico. El problema aparece cuando nadie te dice que algunos pueden quedarse tranquilamente en el cajón.

Escuchando el nuevo disco, uno tiene la sensación de estar asistiendo a una reunión en la que nadie se atreve a descartar nada.

—¿Metemos esto? 
—Si. 
—¿Y esto otro? 
—También. 
—¿No se parece demasiado a algo que ya hicimos? 
—Da igual, ponlo. 
Y así.

Hay momentos interesantes, por supuesto. No estamos hablando de un desastre absoluto ni de un grupo de señores tocando con las persianas bajadas. Hay energía, hay buenas ideas y, de vez en cuando, aparece ese viejo Kasabian que te recuerda por qué esta banda llegó a ser tan grande.

El problema es que, a veces, parece que el propio grupo tampoco sabe cuál de sus muchas versiones quiere ser. ¿Quieres recuperar el sonido clásico? ¿Quieres avanzar? ¿Quieres hacer algo más electrónico? ¿Más rock? ¿Más psicodélico? ¿Todo a la vez? Probablemente la respuesta sea sí.Y quizás ese sea precisamente el problema.

Porque Kasabian no parece haber perdido el talento. Tampoco la capacidad para escribir canciones que puedan funcionar ante millas de personas. Lo que parece que han perdido, al menos por momentos, es el criterio para decidir qué ideas merecen realmente convertirse en una canción de Kasabian.

O dicho de otra manera: antes tenían muchas ideas y una identidad. Ahora siguen teniendo muchas ideas.

Y, sin embargo, aquí llega la gran contradicción: en directo siguen funcionando. Los conciertos continúan teniendo éxito. El público responde. Los festivales los quieren. Y es fácil de entender por qué. Kasabian tiene un catálogo construido durante más de dos décadas. Club Foot, LSF, Fire, Underdog, Empire… cuando tienes ese arsenal, salir al escenario con cierta ventaja tampoco es exactamente un crimen.

Además, Kasabian siempre entendieron muy bien algo importante: una canción puede ser buena en casa, pero en un festival tiene que sobrevivir a la cerveza derramada, a veinte mil personas hablando ya alguien buscando desesperadamente a sus amigos. Ellos saben hacer eso.

Quizás por eso la diferencia entre el estudio y el escenario resulta ahora tan evidente. En las discotecas parecen estar buscando algo. En directo, en cambio, parecen saber perfectamente quiénes son.

Y quizás esa sea la respuesta a la pregunta inicial.

¿Qué ha pasado con Kasabian? Pues probablemente nada dramático. Una banda ha cambiado, ha perdido a uno de sus miembros fundamentales y su compositor principal ha asumido todavía más control creativo. Han pasado veinte años. Han envejecido. Nosotros también, aunque intentemos disimularlo.

Tal vez Kasabian simplemente estén atravesando esa etapa incómoda en la que una banda intenta descubrir qué hacer con su propia historia. El problema es que, mientras lo descubren, a veces publican el proceso.

Pero tampoco pasa nada. Al fin y al cabo, es solo un disco.

Aunque sigo teniendo una pregunta.

¿Pero qué ha pasado con Kasabian?

Perfil de Fibla a X:
https://x.com/joanfibla?s=20


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