sábado, 5 de septiembre de 2026

Escuchas música o la compartes. Por Fibla.

Hay gente que comparte mucha música.

Mucha.

No mucho en el sentido de descubrir un artista nuevo un lunes, escucharlo, quedarse con una canción en la cabeza y decidir que quieres compartirla con alguien. No. Hablo de mucha música en el sentido más literal posible: un link, otro link, otro, otro, otro. Links durante todo el día. Links mientras trabajan, mientras comen, mientras seguramente escucharán otros links.

Y llega un momento en que todo es azul.

No está el nombre del artista. No está el título de la canción. No hay un «mira esto», un «me ha flipado», un «no sé qué pensar», ni siquiera un «esto es una barbaridad». Solo un enlace.

Y yo, a veces, me pregunto: ¿tú escuchas música o la compartes?

No es una pregunta retórica. O al menos no querría que lo fuera.

Porque entiendo perfectamente que quieras compartir música. De hecho, creo que compartir música es una de las cosas más bonitas que podemos hacer con ella. Todos tenemos a esa persona que nos ha descubierto un grupo, una canción o un disco que después se ha quedado con nosotros durante años. La música también es eso: pasarle algo a alguien y decirle, sin necesidad de explicarlo demasiado, creo que esto te va a gustar.

Y precisamente por eso me cuesta tanto cuando todo se convierte en una avalancha.

Sigo mucha gente. Y, entre toda esa gente, hay un grupo al que ya conozco musicalmente. Sé más o menos qué escuchan. Sé que si esta persona comparte una canción, probablemente haya algo detrás. Quizás es una banda que acaba de descubrir. Quizás es una canción que le ha grabado algo. Quizás simplemente le parece extraordinaria.

Si esta persona comparte una canción al día, probablemente pararé.

 La veré y pensaré: hostia, esta persona ha elegido esto. 

Y la escucharé.

Porque hay confianza.

Porque una recomendación tiene valor cuando alguien ha hecho el filtro por ti.

Pero si esa misma persona comparte canciones de quince, veinticinco, cincuenta a lo largo del día, llega un momento en que ya no escucha nada.

Y esta es la paradoja que me fascina.

Cuanta más música compartimos, menos música terminamos escuchando.

No porque las canciones sean peores. No porque la persona no tenga buen gusto. Ni siquiera porque realmente no las escuchen. No lo sabemos. Y tampoco me interesa saberlo.

Lo que me interesa es qué nos pasa a nosotros cuando recibimos este tsunami constante de música.

Un link.

Scroll.

Otro link.

Scroll.

Otro.

Y otro.

Y otro.

Hasta que la música deja de ser música y se convierte en ruido.

Quizás ese es el problema.

Vivimos en un momento en el que descubrir música es más fácil que nunca. Tenemos acceso prácticamente inmediato a una cantidad absurda de canciones. Podemos encontrar un disco editado hoy en Japón, una demo grabada hace treinta años en Manchester o una banda de cuatro personas que acaba de subir su primer single desde un dormitorio.

Es fantástico.

Pero también tiene una trampa.

Cuando todo esté disponible, todo parece urgente.

Y cuando todo es una recomendación, nada acaba siendo una recomendación.

Porque una recomendación necesita algo que internet no parece apreciar demasiado: tiempo.

Tiempo para escuchar.

Tiempo para dejar que una canción pase.

Tiempo para repetirla.

Tiempo para descubrir que aquello que durante los primeros treinta segundos no te decía nada, al tercer minuto te ha enganchado.

Tiempo para equivocarte.

Tiempo para no compartirla.

Esta última quizás sea la más importante.

Porque también hay algo extraño en la necesidad de dejar constancia de todo lo que escuchamos.

No solo escuchamos música. También contamos que escuchamos música.

Y aquí la pregunta se vuelve un poco más incómoda. 

Cuando comparto una canción, ¿estoy compartiendo la canción o estoy compartiendo que soy la persona que escucha esa canción?

No creo que sea algo necesariamente malo. Todos lo hacemos. La música forma parte de nuestra identidad. Explica cosas de nosotros. Compartirla puede ser una manera de decir esto me emociona, esto me representa, esto lo he descubierto, esto creo que deberías escucharlo.

Y quizás internet ha hecho que esta frontera sea un poco más difícil de ver.

Por eso no tengo ningún problema con quien comparte música. Al contrario.

Lo que me preocupa es que, en medio de tanta música, tanto descubrimiento, tanta recomendación y tantos enlaces azules, acabemos perdiendo precisamente aquello que buscábamos.

Escuchar.

Quizás no necesitemos menos música.

Quizás necesitemos menos ruido.

Y quizás una de las mejores recomendaciones musicales que podemos hacer hoy es mucho más sencilla:

Escucha esto.

Y ya está.

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https://x.com/joanfibla?s=20






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