Érase un hombre a una nariz pegado.
Érase una nariz superlativa.
Érase una alquitara medio viva.
Érase un peje espada mal barbado;
Era un reloj de sol mal encarado.
Érase un elefante boca arriba.
Érase una nariz sayón y
escriba.
Un Ovidio Nasón mal
narigado.
Érase el espolón de una
galera.
Érase una pirámide de
Egipto.
Las doce tribus de narices
era;
Érase un naricísimo infinito.
Frisón archinariz.
Caratulera sabañón garrafal.
Morado y frito.
Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía.
Que ya vuestros pies son de elegía.
Que vuestras suavidades son de arrope.
¿No imitaréis al terenciano Lope,
que al belerofonte cada día
sobre zuecos de cómica poesía
se calza espuelas y le da un galope?
Con cuidado especial vuestros antojos
dicen que quieren traducir al griego.
No habiéndolo mirado vuestros ojos.
Prestádselos un rato a mi ojo ciego.
Porque a la luz saque ciertos versos flojos.
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.
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